El Caballero que Fue Transformado en Caballo y Despues en Pavo
31. EL CABALLERO QUE FUE TRANSFORMADO EN CABALLO Y DESPUES EN PAVO (Contado en Peñaflor, en 1922, por el maestro carpintero Tránsito González, natural de…
31. EL CABALLERO QUE FUE TRANSFORMADO EN CABALLO Y DESPUES EN PAVO
(Contado en Peñaflor, en 1922, por el maestro carpintero Tránsito González, natural de Choapa, de 57 años de edad.)
Un empleado de la administración de la hacienda de Panquehue refirió en 1910 a un grupo de trabajadores, entre los cuales se encontraba el maestro Tránsito, que, en una ocasión que fué a Talagante, unos amigos lo convidaron a remoler en casa de unas niñas buenasmozas. El se atracó a una haciéndosele el enamorado, y como no consiguiera la primera noche lo que pretendía, se quedó en la casa unos cuantos días, hasta que salió con la suya, pero engañando a la niña con palabra de casamiento.
“Cuando me volvía--contaba--muy satisfecho de mi hazaña, al atravesar un bosquecito me encontré de repente convertido en caballo”. ¡Caramba!, dije para mí, ¿qué voy a hacer ahora? No es mala la suerte que se me espera si sigo siendo caballo!” Y me metí en el bosquecito, en donde pasé el resto del día y toda la noche.
“Al otro día temprano, unos trabajadores que estaban trillando con yeguas en un campo cercano, tropezaron conmigo, y uno dijo:--“¡Caracho con el caballo lindo! ¿Llevémoslo pa l’era?--Ya ’stá, llevémoslo”. Y lo llevaron.
“Trabajé muy bien, amigos, para que no me azotaran ni me clavaran las espuelas, y todos me miraban con la boca abierta de ver tan bien que lo hacía. En esto llega el capataz de la trilla y pregunta:--“¿De quién es ese caballo?--Lo encontramos en medio de la mancha de boldos que ’stá pu allá arriba, contestó uno.--Suéltenlo, dijo el capataz, no vaya a venir su dueño y nos haga cargos por estar trabajando con caballo ajeno.--Pero si no tiene marca, señor.--No importa; suéltenlo”. Y con gran contento de mi parte me soltaron y me volví para la manchita de boldos, como decían los peones por el bosquecito, no muy ligero, porque, como no estaba acostumbrado al trabajo que me habían obligado a hacer, me sentía muy fatigado.
“Apenas entré al bosque, se me puso por delante la muchacha con que había estado remoliendo, y tirándome un atado de pasto me dijo:--“Toma, pa qui aprendáy a burlarte de las mujeres; yo te volví caballo; cómete ese pasto y mandate a cambiar”.
“Me comí el pasto y en cuanto tragué la última mascada, me volví hombre otra vez.
“Ya era de noche y apreté a correr para el pueblo y en el primer rancho que vi con luz golpeé y salió a abrir la puerta una mujer como de unos veinticinco años, nada mal parecida.
--“Señora, le dije, deme alojamiento por esta noche, porque no sé a dónde dirigirme, y me siento muy cansado; he perdido mi caballo y ni siquiera sé en qué parte me encuentro.
--“Está a la entrada de Talagante, señor, y por lo que hace a alojamiento, no hay en el rancho mas que esta pieza y no tengo otra cama que la que usted ve”--y me mostraba una pallasa tirada sobre un catre; además, mi marido no está en la casa, pues salió a hacer unas diligencias y no volverá hasta mañana.
--“Señora, permítame que me ponga en un rincón cualquiera; si lo único que deseo es estar bajo techo, y no se moleste por mí.
--“Si no es tan delicado como yo creía, entre, pues, señor.
“La mujer se desnudó y acostó, y en seguida me dijo:
--“Ya sabe usted que no hay más que esta cama, si quiere, venga a acostarse a mi lado.
--“Pero, señora, si aquí estoy bien y no quiero molestarla, si me basta con no dormir al sereno.
--“Venga a acostarse le dicen, y no sea leso.
--“¿Y si llega su marido de repente y me pilla?
--“No sea leso, le digo; mi marido está en Malloco y no llegará hasta mañana con el sol alto.
“¡Qué diablos! la mujer no era fea, y mejor es dormir aunque sea en una pallasa que acurrucado en un rincón. Me desnudé y acosté al lado de la mujer.
“Al otro día, muy temprano, antes que saliera el sol, sentimos que alguien se acercaba cantando al rancho.
--“Es mi marido,--dijo la mujer--¿cómo se habrá venido tan pronto?; pero no importa, vístase ligerito y se mete debajo del catre.
“Apenas me había escondido en el lugar que me dijo la mujer, entra el marido y la mujer le dice:
“--Anda a buscarme leña, Manuel, para hacer lueguito una cazuela, porque he amanecido con antojo.
“Y mientras Manuel iba por leña al sitio, la mujer dijo unas cuantas palabras que no entendí y me volví pavo, y me echó para el corral, donde había muchos otros todavía en su dormidero. Me subí como pude y me metí entre las demás aves, cuando oigo a Manuel que pregunta a su mujer:
--“¿Y ese pavo tan grandazo y tan gordo?
--“Es de la vecina y debe haberse pasado ayer en la tarde.
--“Matémoslo pa que no sea intruso y comimos cazuela ’e pavo con chichoca, ¿qué te parece, Juana?
--“Ya ’sta--contestó la mujer y tomando un palo le asestó un feroz garrotazo al pavo que estaba a mi lado, que cayó redondito al suelo.
“Para qué les cuento mejor el susto padre que pasé, porque, la verdad, creí que la Juana me iba a dar el garrotazo a mí.
“Poco después dijo la mujer a Manuel:
--“Anda a pedirle a mi comadre Mercedes que me dé un poco de chichoca, porque se ha acabado la que teníamos.
“Salió Manuel y la Juana aprovechó el momento de ausencia de su marido para volverme hombre, y me dijo:
--“Váyase ligerito por este camino, y que le vaya bien.
“Y aquí me tienen ustedes que por cierto nunca se habrían figurado que yo he sido caballo y pavo.
--De lo último tuavía le quean rastros, dijo un trabajador por debajujo.
--Y de lo primero también, dijo _despacito_ otro trabajador, porque no hace mucho tiempo me dió a mí una media patá que me dolió tanto como si el patrón tuviera herraúras tuavía; y too porque le contesté.
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