El Entierro del Naranjo
36. EL ENTIERRO DEL NARANJO (Referido en 1911, por D. J. Andrés González, de 55 años, de Santiago.)
36. EL ENTIERRO DEL NARANJO
(Referido en 1911, por D. J. Andrés González, de 55 años, de Santiago.)
En 1890, más o menos, en una casa situada en la calle de la Recoleta, de Santiago, frente a la iglesia de este nombre, en la cual vivió y murió un clérigo, habitaba un hombre que se llamaba Pedro (el informante no se acuerda del apellido), que tenía una tienda en la misma casa, y a su servicio un muchachito como de 12 años. Una mañana encontró el dicho Pedro al muchachito tendido en el patio, sin conocimiento; después de hacerle algunos remedios, volvió en sí, pero muy asustado. El patrón le preguntó qué le había pasado, y aunque haciéndose mucho de rogar, contó al fin que en la noche salió a hacer una necesidad y cuando volvía vió en el patio, debajo de un naranjo, a un clérigo que le dijo que ahí mismo había dejado una gran cantidad de plata enterrada. Pedro dijo al muchacho que habría soñado y que no hiciera juicio de leseras. Al día siguiente le pagó el sueldo de un mes, le ordenó que se fuese a medicinar a su casa y que no volviera hasta que estuviere bien bueno.
En la misma noche el hombre se puso a cavar, y efectivamente encontró un entierro. Realizó su negocio y se fué para el campo a trabajar en tienda y despacho.
De la plata que encontró debajo del naranjo, nada gastó hasta pasado un año, pues, de otro modo, la habría perdido toda.
Fué muy rico, pero se botó a tunante y no pasó de una modesta medianía.