Las Doce Palabras Redobladas
43. LAS DOCE PALABRAS REDOBLADAS (Contado por la Sta. Zoila Guerrero Gutiérrez, Prado de Peñaflor. Febrero de 1923.)
43. LAS DOCE PALABRAS REDOBLADAS
(Contado por la Sta. Zoila Guerrero Gutiérrez, Prado de Peñaflor. Febrero de 1923.)
Una señora viuda tenía una hija muy hermosa, y se servían para los menesteres de la casa de un negro esclavo que se llamaba Pancho, hombre trabajador y buen cristiano.
La niña fué creciendo en edad y en hermosura y el cariño que el negro tenía a su amita se fué convirtiendo en amor, pero en un amor tan grande que Pancho no comía, ni dormía, ni tenía valor para trabajar.
El pobre negro rezaba, se encomendaba a Dios y a todos sus santos para que lo libraran de aquella pasión que no lo dejaba vivir; pero el cielo se había puesto sordo y no oía sus oraciones.
Desesperado y no hallando qué hacerse, salió una noche de la casa y se fué al cerro a llamar al Diablo para que lo ayudara. Acudió el Diablo al llamado, y a las súplicas del negro contestó:
--Si quieres, haré que Rosita--así se llamaba la niña--se enamore de ti y se case contigo, pero dentro de veinte años vendré a buscarte, y si no sabes contestarme las doce palabras redobladas, tu alma me pertenecerá.
--Está bien, contestó Pancho, radiante de alegría, convengo en ello.--Y con sangre que extrajo de sus venas, firmó la cédula del pacto que acababa de aceptar y que el Diablo le pasaba.
Al otro día temprano se dirigió el negro a casa de sus amos. La señora y la niña estaban en el balcón. La niña, al verlo, dijo a la mamá:--Mire, mamá, ahí viene Panchito.--¿Qué es eso de Panchito?--preguntó extrañada la madre, porque la joven siempre había llamado al negro con el nombre de Facico y tratádolo con cierto desprecio. Pero Rosita no contestó nada. Y el caso es que desde entonces Rosita se llevaba con Panchito para arriba, Panchito para abajo, Panchito por aquí, Panchito por acá, en fin, que todo era Panchito.
Hubo que dejarla casarse con él, porque la cosa no tenía remedio, pero tuvo que salir de la casa con su negro, no llevando consigo sino una imagen de San Pedro, de quien era muy devota, y que fué lo único que la dejaron sacar.
Rosita vivió muy feliz y muy enamorada de su Pancho, que hacía cuanto estaba de su parte para hacerle liviana la vida, trabajando como un negro, verdaderamente, y cuidando de que nada les faltara a su mujer y a los cuatro hijos que habían tenido, cuatro lindos mulatitos, que eran el encanto y la alegría del matrimonio.
Pero, como muy bien dice la copla,
Todo gusto es momentáneo;
sobre todo si hay un contrato de por medio. El plazo en que terminaba el pacto se aproximaba rápidamente, y el Diablo tenía buen cuidado de presentarse de vez en cuando a Pancho a recordárselo:
--Pancho, que dentro de un mes te paso a buscar...--Pancho, que ya no te quedan sino quince días para que te vengas conmigo...--Pancho, que sólo falta una semana... etc.
Y al pobre Pancho se lo comía la tristeza; y por más que averiguaba entre sus relaciones, nadie conocía las doce palabras redobladas, que habían de librarlo de las garras del Demonio.
Rosita, que notó cómo sufría su marido, le pedía y rogaba por lo que más amaba, le dijera el motivo de sus penas, y sólo después de reiterarle repetidamente sus ruegos, le confesó cuanto le había sucedido y que ya no faltaban sino dos días para que el Diablo viniera a llevárselo.
Rosita, que, como se ha dicho, era tan devota de San Pedro, dijo a su marido:
--Encomendémonos al Santo y pongámonos en sus manos; estoy segura de que él nos librará del Malo, porque siempre me ha tenido lástima y me ha sacado con bien de todos los peligros en que me he encontrado. Y ambos se arrodillaron ante la imagen del Príncipe de los Apóstoles y rezaron con todo fervor.
Era la última noche que, según el pacto celebrado con el Diablo, quedaba de vida a Pancho. En la cara del pobre negro y en la de su mujer, surcadas de lágrimas, se marcaba el intenso dolor que los consumía. El silencio era profundo. De pronto se oyeron tres golpes en la puerta. Salió Pancho. El que llamaba era un pobre hombre que con voz lastimera pedía alojamiento por esa noche. Se había extraviado--dijo--y no sabía dónde dormir. Rosita, que oía lo que hablaban, desde su asiento invitó al hombre a que entrara y le alargó una silla. Era un anciano, calvo, de rostro venerable y simpático adornado de poblada y canosa barba.
Embelezados con la conversación del anciano, habían olvidado su desgracia y el peligro inminente que les amenazaba y oyéndole, pasaron insensiblemente las horas. Cuando el reloj comenzó a dar las 12, se oyó un fuerte golpe en la puerta y una voz seca y chillona que preguntaba:
--Amigo, ¿sabe las doce palabras redobladas?
--Sí las sé--contestó el viejecito poniéndose de pie e imitando la voz de Pancho, antes de que éste respondiera,--empieza a preguntar, que yo te iré contestando.
--Está bien, dijeron desde afuera. Amigo, dígame la una.
--Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, la una te diré: Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
--Está bien: ahora, amigo, dígame las dos.
--Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las dos te diré: Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
--Bien: ahora, amigo, dígame las tres.
--Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las tres te diré: Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
--Bien: ahora, amigo, dígame las cuatro.
--Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las cuatro te diré: Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí; Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
--Bien: ahora, amigo, dígame las cinco.
--Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las cinco te diré: Cinco ¿qué son cinco? Las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo, y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
--Bien: ahora, amigo, dígame las seis.
--Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las seis te diré: Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
--Bien: ahora, amigo, dígame las siete.
--Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las siete te diré: Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
--Bien: ahora, amigo, dígame las ocho.
--Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las ocho te diré: Ocho ¿qué son ocho? son las bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
--Bien: ahora, amigo, dígame las nueve.
--Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las nueve te diré. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas de la ley que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
--Bien, amigo, ahora dígame las diez.
--Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las diez te diré: Diez ¿qué son diez? los diez mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
--Bien: ahora, amigo, dígame las once.
--Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las once te diré: Once ¿qué son once? las once mil vírgenes. Diez ¿qué son diez? los diez mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las ocho bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Seis ¿qué son seis? las seis candilejas que ardían en el templo de Jerusalén. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro, ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? la Virgen que nació en Belén y vivió siempre pura.
--Bien, amigo; ahora dígame las doce.
--Aunque no soy tu amigo, sino tu enemigo, las doce te diré: Doce ¿qué son doce? los doce apóstoles. Once ¿qué son once? las once mil vírgenes. Diez ¿qué son diez? los diez mandamientos. Nueve ¿qué son nueve? los nueve meses que estuvo el Verbo humanado en las purísimas entrañas de su santísima Madre. Ocho ¿qué son ocho? las ocho bienaventuranzas que predicó Jesús en la montaña. Siete ¿qué son siete? son los siete cielos. Cinco ¿qué son cinco? las cinco llagas principales que hirieron a Jesús crucificado. Cuatro ¿qué son cuatro? los cuatro Evangelistas: San Marcos, San Lucas, San Mateo y San Juan. Tres ¿qué son tres? las tres Marías, que brillan en el cielo para nuestro contento y alegría. Dos ¿qué son dos? las dos tablas que Dios entregó a Moisés en el monte Sinaí. Una ¿qué es una? La Virgen que nació en Belén y siempre vivió pura.
Quien dijo doce no pase a trece hasta que reviente ése, que por sus malos hechos bien lo merece.
Terminando de decir estas palabras el anciano, se sintió un fuerte ruído, como si hubiera estallado un barril de pólvora, la pieza se llenó de humo y un fuerte olor a azufre hacía estornudar violentamente a los tres que se hallaban en ella.
Cuando el humo se disipó, vieron delante de sí al viejecito vestido de una larga túnica, con dos grandes llaves en la mano derecha y rodeada la cabeza de una aureola de luz. Era el mismo que representaba la imagen que adornaba la cabecera de la cama de Rosita.
Pancho y Rosita, poseídos de un santo temor, se arrodillaron ante el anciano, y cuando un momento después alzaron la cabeza, había desaparecido.
Este es el origen de las doce palabras redobladas, que el pueblo, sin razón, suele llamar Oración de San Cipriano, y a la cual atribuye virtudes portentosas contra el Diablo, los brujos y toda clase de peligros.
APÉNDICE I
BIBLIOGRAFIA
DE LAS OBRAS QUE SE CITAN EN ESTE VOLUMEN
A la publicada en los CUENTOS POPULARES EN CARAHUE, págs. 259-262, agréguense los siguientes obras, que no se mencionan en aquella.
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