El miedoso

21. _El miedoso_ Eran las dos de la noche cuando sentí ruido en casa; subí luego la escalera, tomé la tajante espada, rejistré toda la pieza i vi al fin que no…

21. _El miedoso_

Eran las dos de la noche cuando sentí ruido en casa; subí luego la escalera, tomé la tajante espada, rejistré toda la pieza i vi al fin que no era nada; i por ser cosa curiosa voi a volver a contarla: Eran las dos de la noche cuando sentí ruido en casa... etc.

Dos cosas principalmente llaman la atencion en estos cuentos: primero, que son, en jeneral, brevísimos; i segundo, que con escepcion del número 9, el de la Vaca del Rei; del número 10, del Humito; del número 12, de los Gansos; i del número 14, del Fililo, son en verso o rimados.

Ya ántes hice notar que los siete primeros, mas que de cuentos de nunca acabar, podian calificarse de cuentos de pega; pero los trece restantes no hai duda de que son, en todo i por todo, verdaderos cuentos de nunca acabar, pues miéntras viva el que los dice i tenga paciencia i cachaza suficientes el que los oye, el cuento no se ha de concluir.

Todavia debo observar que en estos trece últimos cuentos hai dos clases perfectamente distintas: una en que se repite la última parte del cuento (núms. 8, 9, 10, 11, 12, 13 i 14) i otra en que el último verso, porque éstos son todos en verso, se encadena naturalmente con el primero i se ve uno precisado a decirlo todo entero de nuevo, hasta que quiera terminar (núms. 15, 16, 17, 18, 19, 20 i 21).

Hai algunas otras piezas populares que tienen cierta analojia con las anteriores; i son, el cuento tan conocido de _La Tenquita que se quemó la patita en la nieve_; la tonada de _La Cuja_, que por los años de 1885 i 1886 cantaba el ciego Acuña en el teatrito del Santa Lucía, cuando éste constaba de sólo el proscenio i los espectadores se sentaban a cielo descubierto; i por fin, la tonada del _Real i medio_. En todas tres hai las repeticiones de los cuentos de nunca acabar; pero difieren de éstos en que, tanto en el cuento como en las tonadas, en cada repeticion entra siempre un nuevo elemento, lo cual contribuye a que uno i otras vayan creciendo poco a poco. No son de nunca acabar; pero sin necesidad de hacer trabajar mucho la imajinacion, pueden alargarse a voluntad, casi indefinidamente.

Al relatar el cuento i al cantar las tonadas, es de regla decir de una sola tirada la parte que se repite con el agregado correspondiente, de lo cual resulta que al llegar a lo último, la recitacion i el canto tienen que ser sumamente rápidos, a fin de no hacer ninguna pausa para respirar.

El cuento es una de las diversas variantes del que ya publicó el Dr. Lenz en 1892 en la pájina 296 del tomo VI de las _Phonetische Studien_. Creo que las tonadas han permanecido inéditas hasta ahora.

Ademas de estas piezas, conozco otras que tienen ciertos caractéres que las asimilan a los cuentos de nunca acabar. Una de ellas es el de _La Mata de Cóguiles_, que tambien creo inédito i que va al fin de esta compilacion. En tres ocasiones el viejo héroe de la narracion sube hasta el cielo i desciende despues a la tierra escalando las ramas de una mata de cóguiles, i el que hace el relato refiere que en cada una de ellas el viejo subió o bajó _de gancho en gancho_... _de gancho en gancho_... _de gancho en gancho_..., espresion que algunos suelen repetir hasta el aburrimiento en las siete veces que aparece en el cuento. Cuando me lo refirieron por primera vez, el narrador llegó solamente hasta la primera ascension i estuvo diciendo largo rato _de gancho en gancho_... _de gancho en gancho_,..... hasta que preguntado qué era lo que seguia, contesto: «lo que sigue es que el viejo va subiendo todavía, porque fíjese, pues, señor, que la mata llega hasta el cielo i está principiando a subir no mas _de gancho en gancho_..... _de gancho en gancho_..... _de gancho en gancho_.....», i no hubo santo que sacara a aquel bárbaro de allí. El modo de proceder en este caso es igual al del cuento Núm. 12 de _los Gansos_.

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