EL MEDIO POLLO
(Contado en 1906 por Polonia González, de 50 años, más o menos, natural de la provincia de Colchagua)
(Contado en 1906 por Polonia González, de 50 años, más o menos, natural de la provincia de Colchagua)
Para saber y contar y contar para saber. Est’era y esterita para secar peritas; est’era y esterones para secar orejones.
Est’era una Gallineta muy buena ponedora y muy buena sacadora; y una vez que puso veinte huevos, se echó y sacó diez y nueve pollitos no más y se levantó muy atingida porque había perdido un huevito.
Bueno, pues. Principió la Gallinita a darle vueltas al huevito y conoció que estaba medio huero, y entonces pensó:
--Si me echo otra vez, saldrá cuando menos un medio pollito.--Y así fué que salió un medio pollito del cascaroncito.
Bueno, pues. La Gallinita era muy querendonaza con sus hijitos; pero quería más que a ninguno al Medio-pollito, porque le tenía un cariño con lástima, porque cada vez que lo veía le daba pena del verlo que no podía volar, porque no tenía mas que una alita pues, y andaba a saltitos porque no tenía mas que una patita.
Entonces el Medio-pollo fué creciendo y la Gallinita poniéndose viejancona, y no podía trabajar. Entonces el Medio-pollito le dijo a su mamita:
--Viejecita, écheme la bendición porque me voy a rodar tierras y no volveré hasta que tenga qué darle para que descanse.
Bueno, pues. Entonces la Gallinita le echó la bendición al Medio-pollo y se quedó llorando y el Medio-pollo salió a rodar tierras y se fué a saltitos, porque no tenía más que una patita sola no más.
Entonces el Medio-pollo anduvo muchos días sin encontrar trabajo; y un día que estaba escarbando con el pico en un montón de hojas, se encontró una naranjita de oro y casi se cagó del gusto y la escondió debajo de la alita y pensó:--Si se la llevo al Rey me dará gransitas para llevarle a mi mamita.
Bueno pues. Se fué donde el Rey y en el camino se encontró con un Arriero que traía una recua muy grande de mulas y que venía de vuelta.
Entonces el Medio-pollo le preguntó al Arriero:
--¿De dónde viene, mi Arrierito?
--Me he vuelto--es que le dijo el Arriero--porque el río trae mucha agua y no me animo a pasarlo porque se pueden ahogar las mulitas.
--Donde usted me ve--es que le dijo el Medio-pollo--yo lo voy a pasar no más, porque tengo que ir donde el Rey.
Entonces le dijo el Arriero:
--¿Por qué no me lleváis con mis mulitas, Medio-pollo?
Bueno--es que le dijo el Medio-pollo--
Métete en mi potito y tráncate con un palito.
Y entonces se metieron en el buche del Medio-pollo el Arriero y todas sus mulitas.
Bueno. Entonces el Medio-pollo llegó al río, que venía muy anchazo de tanta agua que traía y se paró a la orilla y se puso a pensar:--Yo no puedo volar porque no tengo mas que una alita. ¿Qué hago yo? me voy a tomar toda la agüita para dejarlo seco y poder pasar.
Y entonces el Medio-pollo se tomó toda el agua del río y pasó para el otro lado, y siguió marchando un día entero hasta que topó con un Tigre que estaba descansando en una piedra. Entonces el Medio-pollo es que le dijo:
--¿Qué hace ahí, compadrito Tigre?
--Tengo que ir donde el Rey--es que le dijo el Tigre--y estoy muy cansado. ¿Por qué no me lleváis vos, Medio-pollito?
--Bueno--es que le dijo el Medio-pollo--
Métete en mi potito y tráncate con un palito.
Y entonces es que el Tigre se metió en el buche del Medio-pollo.
Bueno, pues. Entonces el Medio-pollo la endilgó por el camino otro día más, hasta que se encontró con un León que estaba echado en un ladito. Entonces el Medio-pollo es que le dijo:
--¿Qué hace ahí, compadrito León?
--¡Qué he de hacer Medio-pollito!--es que le dijo el León.--Estoy medio despiado de tanto andar y tengo que ir a la casa del Rey y no puedo más. ¿Por qué no me lleváis vos, Medio-pollito?
--Bueno--es que le dijo el Medio-pollo--
Métete en mi potito y tráncate con un palito.
Y al tirito se metió el León en el buche del Medio-pollo.
Todavía tuvo que andar un día más el Medio-pollo, hasta que tropezó con una Zorra que se estaba haciendo la dormida debajo de unos árboles. Entonces el Medio-pollo es que le dijo:
--¿Qué está haciendo ahí, mi comadrita Zorra?
Y es que la Zorra le dijo:
--Aquí estoy, compadrito, medio muerta de hambre. Hace una pila de días que no como ni un racimito de uvas siquiera.
Entonces es que le dijo el Medio-pollo:
--Yo la llevaré, comadrita, donde el Rey; pueda ser que le tenga lástima y le dé alguna cosita que comer.
Métase en mi potito y tránquese con un palito.
Bueno, pues. Se metió la Zorra en el buche del Medio-pollo y siguió andando hasta que topó con el palacio del Rey. Y entonces el Medio-pollo, cuando lo llevaron donde el Rey, es que le dijo:
--Mi Rey, mi soberano, aquí he venido desde muy lejazo para traerle a su Sacarrial Majestad esta naranjita de oro, que es regalo que yo le traigo.
Bueno. Entonces el Rey agarró la naranjita y les dijo a sus pajes que llevaran al Medio-pollo al gallinero para que estuviera con todos sus compañeros, y les dijo que le echaran harta gransita, y harto triguito y maicito bastantazo, para que se llenara.
Y entonces cuando dejaron al Medio-pollo en el gallinero, todos los gallos, las gallinas y los pavos se le fueron encima a picotearlo y casi se lo comieron vivo. Y entonces el Medio-pollo, cuando se vió acorralado y que me lo querían avasallar, se fué a un rinconcito, pujó un poquichicho y entonces salió la Zorra y se comió todos los gallos y toditas las gallinas y toditos los pavos, y no dejó ni unito, y se arrancó para la Cordillera; y entonces es que el Medio-pollo se comió todas las gransitas.
Bueno, pues. Entonces al otro día fueron los pajes, con las claras, al gallinero para ver como había amanecido el Medio-pollo, y se quedaron todos patifríos cuando vieron que el Medio-pollo se había comido todas las aves, porque no sabían que se las había comido la Zorra; y entonces se fueron todos apurados donde el Rey y es que le dijeron:
--Señor, el Medio-pollo se ha comido todas las aves y no ha dejado una ni para un remedio.
Entonces es que dijo el Rey:
--Bueno. ¿Qué hacemos entonces con el Medio-pollo? Yo no lo puedo matar porque me ha traído este regalo.
Y es que un paje le dijo:
--Si a su Sacarrial Majestad le parece, lo echaremos al potrero donde están los caballos y los coches de su Majestad y pueda ser que los caballos lo maten a patadas.
--Bueno,--es que les dijo el Rey--; pero yo les prohibo que ustedes lo maten.
Y lo echaron al potrero.
Y entonces, cuando el pobrecito Medio-pollo se vió entre las patas de tantísima bestia, le dió miedo como un diablo, y arrimándose a un rinconcito, pujó un poquichicho y echó al León para afuera; y entonces el León se comió a todititos los caballos y no dejó ni unito ni para un remedio; y se arrancó para la Cordillera.
Bueno, pues. Al otro día bien de albita, fueron los pajes a ver si los caballos habían matado al Medio-pollo, y casi se fueron de espaldas cuando vieron al Medio-pollo arriba de un árbol cantando a todo lo que le daba el pico, como haciéndoles burla porque se había comido todos los caballos. Así lo creían ellos, porque ellos no sabían que se los había comido el León. Y entonces se fueron corriendo donde el Rey y se lo contaron todo.
Bueno. El Rey se quedó todo admirado y es que les dijo:
--Yo no puedo matar a ese Medio-pollo que me ha traído esta naranja de oro de regalo. Ustedes sabrán lo que con él hacen, pero les prohibo que lo maten.
Bueno. Entonces el paje principal es que le dijo:
--Si su Sacarrial Majestad quiere, lo echamos a este Medio-pollo al potrero donde están las vacas y ahí lo matan con seguridad.
El Rey no dijo nada; y entonces lo echaron al potrero de las vacas.
Bueno, pues. El pobre Medio-pollito se vió todo afligido entremedio de las patas de tantísima vaca, y no hallaba qué hacerse, porque con el susto se le había olvidado que todavía tenía adentro del buche al Tigre; y entonces de puro miedo se le escapó un pedito, y donde se le abrió el potito salió el Tigre hecho una fiera y se comió todititas las vacas; y arrancó después para la Cordillera.
Al otro día bien tempranito, con las diucas, se fueron los pajes para el potrero de las vacas, y cuando vieron que no quedaba ni una ni para un remedio, casi se cayeron muertos, y en nada estuvo que no se quedaron muertos de la rabia cuando vieron al Medio-pollo encaramado en una rama y que se reía de ellos y cantaba ¡cucurucú! ¡cucurucú!
Bueno, pues. Se fueron entonces todos furiosos donde el Rey, y es que le dijeron:
--Señor, hay que matar a este Medio-pollo, porque tiene al diablo metido adentro del cuerpo; se ha comido en la noche todas las vacas, y si lo dejamos con vida nos va a comer a todos nosotros.
Entonces el Rey es que les dijo:
--¿Cómo voy a matar a este Medio-pollo que me ha traído un regalo tan bueno? Ya he prohibido que lo maten.
--Bueno, pues, señor,--dijo el paje principal--no lo mataremos; pero si su Sacarrial Majestad no se enoja, lo echaremos al horno del pan para que se ase al rescoldo, porque, en la de no, nos va a comer a todos.
Entonces esos brutos echaron al Medio-pollito al horno, cuando estaba bien caldeado, y el pobrecito casi se cagó del susto. Se arrimó como pudo a la boca del horno y se puso a pensar:--¿Qué hago yo? Si me largo un pedito, con el vientecito que eche van a crecer las llamitas y me quemo más lueguito.
Ya se le estaban chamuscando las plumitas al pobrecito.
Bueno, pues. El Medio-pollito no se acordaba que tenía metido el Río en el buche; pero con el calor de las llamitas principiaron a alborotarse las aguas y a sonarle las tripitas, y entonces, medio muerto de gusto, se acordó del Río y pujó con todas sus fuerzas, y entonces es que salió toda el agua de un de repente y apagó el fuego. Y como era la hora en que venían los pajes, se ahogaron toditos y no quedó ni unito.
Entonces fué el Medio-pollo donde el Rey y es que le dijo:
--Ya están muertos todos esos condenados que me querían matar.
Entonces el Rey, muy contento de ver vivo al Medio-pollito, es que le dijo:
--Yo les había prohibido a mis pajes que te mataran. Y ¿qué vais a hacer ahora Medio-pollito?
--Si su Sacarrial Majestad me da permiso, yo me voy para mi tierra--es que le dijo el Medio-pollo--porque quiero ver a mi mamita, que estará con cuidado.
El Rey mandó entonces al mayordomo que le diera al Medio-pollo todo el trigo que había en la troje, que era una barbaridad; y entonces el Medio-pollo volvió a pujar y salió el Arriero con todas sus mulitas y cargaron todo el triguito.
Bueno. Entonces cuando llegaron a su tierra, el Arriero y el Medio-pollito se repartieron el trigo como hermanos, hicieron dos pilas igualitas y cada uno agarró la suya.
Entonces la Gallinita se puso muy contenta de volver a ver a su Medio-pollito, y ya nunquita más tuvo que trabajar.
Y aquí se acabó el cuento y se lo llevó el viento.