EL MIÑACO

(Beatriz Montecinos) Esta era una viejita que tenía un hijo, muy chiquito, pero muy habilosazo y se llamaba Miñaco. Un día le dijo a la madre que iba a buscar…

(Beatriz Montecinos)

Esta era una viejita que tenía un hijo, muy chiquito, pero muy habilosazo y se llamaba Miñaco. Un día le dijo a la madre que iba a buscar empleo y se fué adonde un León que tenía barra para poner a los presos, y entonces estaba la Leona cuidándolos, y se fué a hacer el trato adonde don Leonardo, que era el León, y le dijo que lo tomaba para irle a dejar el almuerzo y la comida a la Leona. De tanto viaje, ya se aburrió y dijo que iba entonces a matar a la Leona, para no ir más.

Como dos días se estuvo previniendo, machacando ají, pimienta y sal y de otras cosas fuertes para matar a la Leona.

Entonces, un día, cuando ya no había ningún preso, preguntó que para qué era esa barra; le contestó la Leona que para poner a los hombres malos que hacían robos, muertes o salteos. La Leona le dijo que pusiera el pie y entonces le dijo el Miñaco que ella lo pusiera primero para aprender como ponían a los presos, y la Leona le puso el pie.

Una vez puesto el pie la Leona, el Miñaco le puso llave a la barra y le dijo que hiciera empeño a salirse. Hizo empeño la Leona a salirse. Entonces el Miñaco le dijo:

--¡Ay por Dios, pues!, esto ya no lo voy a hacer nunca; pero lo que tengo pensado de hacer no dejo de hacerlo; y mete las manos a los bolsillos y le planta el ají en los ojos, en la boca y en el poto, y se fué. La Leona, de tanto costalearse, y presa, se murió.

Y viendo que el Miñaco no volvía, el León se puso en acuerdo por qué no llegaba, y salió a buscarlo y no lo encontró por ninguna parte, hasta que llegó allá donde estaba la Leona y la encontró muerta. Entonces no hizo empeño a sacar la Leona sino a buscar al Miñaco para agarrarlo y matarlo luego. Entonces ya cuando lo alcanzó, dijo el Miñaco:--«¿A dónde me meto?» No tuvo más tiempo que para arrancar y meterse en una cueva de hormigas ¡Miren Uds. dónde se metió!, así por que el León no hallaba a quien dejar cuidándolo, y andaba por casualidad un Jote amigo y lo llamó el León y le dijo:

--Mire, amigo, venga, cuídeme aquí--le dijo--mientras voy a la casa a buscar una barreta.

Mientras que el León fué, el Jote no sabía a quien tenía dentro. Empezó a mirar el Jote para adentro a ver quien era y el Miñaco vino entonces y agarró un puñado de tierra, se la tiró a los ojos al Jote y arrancó. Cuando llegó el León, halló al Jote ciego y le dijo que se fuera y siguió al Miñaco.

A mucho que había andado, lo volvió a alcanzar. Entonces el Miñaco corrió a unos álamos que habían muy lejos y muy altos para subirse arriba y que el León no lo alcanzara, y decía:

--Si el tío Leoncito me alcanza, me come no más, por la maldá que le hey hecho, que no ha sio chica.

Cuando ya llegó el León, subió para arriba también a ver si lo podía alcanzar y caía para abajo.

Entonces dijo el Miñaco: «Esto está malo; el tío Leoncito me alcanza y me come,»--y quebró un gancho del mismo álamo, y como era habiloso, el León que iba a estirar la mano para pescarlo, y el Miñaco le pegó un palo en la mano con que estaba pescado y cayó el León, y quedó solo la bolsa[F].

Entonces dijo el Miñaco «Ahora sí que estoy bien puesto,» y se bajó y del cuero del León muerto hizo montura y riendas y salió con ellos al hombro.

En una de éstas iba atravesando una Zorra por el camino y le dijo la Zorra:

--¿Para dónde vas, Miñaco, con esa montura al hombro?

Le dijo que la ensillara a ella; y entonces le dijo el Miñaco que no la ensillaba porque lo volteaba. Hasta el último ya la ensilló, y salió a caballo en ella, pero le salió un poco brincadora.

Entonces la Zorra le dijo:

--Mira, Miñaco, ¿por dónde nos vamos? por el camino pueden venir algunos y nos corren; vámoslos por adentro de este potrero. Y tocó la desgracia que venían tres cazadores con tres galgos y uno de ellos vió al Miñaco que iba a caballo de una Zorra; entonces dijeron que les iban a animar los galgos pa divertirse con el Miñaco un poco; y los animaron. La Zorra le dijo entonces:

--¡Miñaco, por Dios! ¿qué vamos a hacer? ahora tenimos que arrancar firme; agárrate bien Miñaco, déjate caer para mi cogote y agárrate bien, que yo voy a correr a todo escape;--y empezó a correr orillando la cerca, hasta que hallaron un agujero por donde salirse. Entonces ella pasó, y el Miñaco quedó abierto de piernas en el portillo y pasaron por entremedio de él los galgos; y viendo que ya habían pasado y sintiendo perder su montura le gritó a la Zorra:

--Señora, los estribos no más le encargo.

Entonces los galgos, cuando oyeron esto, volvieron para atrás y se lo comieron. Y la Zorra se libró y se llevó la montura; y se acabó el cuento y se lo llevó el viento y pasó por una mata de porotos para que Ud. cuente otro.

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