El nabo

En un pueblo vivían un abuelo, una abuela y su nieta. En primavera, el abuelo eligió un lugar soleado del huerto, aflojó la tierra y plantó una pequeña semilla…

En un pueblo vivían un abuelo, una abuela y su nieta. En primavera, el abuelo eligió un lugar soleado del huerto, aflojó la tierra y plantó una pequeña semilla de nabo. La cubrió con tierra blanda y dijo: «Crece, pequeño nabo, y hazte fuerte y dulce». La abuela trajo una regadera y la nieta puso al lado una pequeña señal para que nadie pisara por accidente la parte sembrada.

Todos los días, la familia cuidaba la planta. El abuelo aflojaba la tierra, la abuela regaba la planta y la nieta quitaba las malas hierbas. También ayudaban sus amigos animales: la perra Zhuchka vigilaba la zona sembrada, la gata mantenía alejados a los ratones de las hojas tiernas y un ratoncito recogía briznas de hierba seca cerca de allí. El nabo creció y creció y se hizo tan grande que sus hojas verdes asomaron por encima de la cerca.

Cuando llegó la época de cosechar, el abuelo agarró con fuerza las hojas robustas, la abuela se sujetó al abuelo y la nieta se sujetó a la abuela. Los tres tiraron: tiraron y tiraron, pero no lograron sacar el nabo. Lo intentaron de nuevo y apoyaron bien los pies en el suelo, pero el nabo seguía firmemente sujeto a la tierra. El abuelo no se enfadó y propuso llamar a los demás amigos animales: «Los tres solos no podemos. ¡Pidamos ayuda!»

La abuela se sujetó al abuelo; la nieta, a la abuela; Zhuchka, a la nieta; la gata, a Zhuchka; y el ratoncito, a la gata. Todos se colocaron en fila, se afirmaron bien y acordaron tirar al contar hasta tres. «¡Uno, dos, tres!», dijeron al mismo tiempo. El nabo se movió un poquito. Los amigos descansaron, volvieron a sujetarse unos a otros y se prepararon para intentarlo juntos una vez más.

Tiraron todos juntos, ¡y el nabo salió de la tierra! Nadie se cayó: habían dejado espacio libre detrás y se sostuvieron unos a otros. El abuelo dio las gracias a todos, sobre todo al ratoncito, cuya ayuda era justo lo que les faltaba. Por la noche, la abuela cocinó el nabo, que estaba dulce, la nieta puso la mesa y el abuelo repartió la comida por igual. Así descubrieron que hasta una tarea grande se puede lograr cuando todos ayudan.

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