El gallo y la gallina
Un gallo y una gallina fueron al avellanar a recoger avellanas maduras. El gallo subió a una rama fuerte y dejó caer las avellanas, mientras la gallina las…
Un gallo y una gallina fueron al avellanar a recoger avellanas maduras. El gallo subió a una rama fuerte y dejó caer las avellanas, mientras la gallina las metía en una cesta de mimbre. Trabajaban contentos: las hojas susurraban, la cesta pesaba cada vez más y los amigos ya imaginaban las meriendas de invierno con té y pasteles de avellanas.
Una avellana rebotó en una rama, golpeó el borde de la cesta y la volcó. Las avellanas rodaron por la hierba y la gallina, sorprendida, se sentó de golpe sobre el musgo blando. El gallo bajó deprisa, comprobó que su amiga no se había hecho daño y la ayudó a levantarse. En vez de discutir, los amigos decidieron averiguar por qué la rama se había balanceado tanto.
El avellano explicó que las cabras se habían comido hacía poco sus ramas inferiores y por eso la de arriba había perdido el equilibrio. Las cabras reconocieron que habían entrado en el avellanar mientras los pastores reparaban una verja rota. Los pastores explicaron que la reparación se había alargado porque aquella mañana se habían quedado sin desayuno y se habían cansado pronto.
La mujer de la casa iba a preparar tortitas, pero un lechón había golpeado sin querer el cuenco de la masa. Corría hacia la ventana porque había visto junto a la cerca a un lobo joven y hambriento. El lobo no quería asustar a nadie: solo había seguido el olor de la comida, pero no se atrevía a pedir un poco. Así, un pequeño accidente había puesto en marcha toda una cadena de sucesos.
Entre todos mezclaron otra masa y prepararon una gran pila de tortitas. Dieron una tortita caliente al joven lobo, llevaron a las cabras a un prado de hierba jugosa y los pastores comieron y repararon la verja. El gallo sujetó una cesta ancha bajo la rama y la gallina recogió las avellanas esparcidas. Al anochecer, los amigos volvieron a casa con una cesta llena de avellanas. Acordaron que, en adelante, preguntarían primero quién necesitaba ayuda y solo después buscarían a un culpable.