El gato, el gallo y la zorra

En una casita del bosque vivían un gato, un carnero y un gallo. El gato y el carnero solían salir a recoger fibras de la corteza y ramitas secas para hacer…

En una casita del bosque vivían un gato, un carnero y un gallo. El gato y el carnero solían salir a recoger fibras de la corteza y ramitas secas para hacer cestas, mientras el gallo se quedaba a cuidar el hogar. Antes de irse, sus amigos le pedían que no se alejara con visitantes desconocidos y que siempre dijera adónde iba. El gallo prometía estar atento.

Un día apareció una zorra bajo la ventana y cantó sobre manzanas de oro y alegres paseos en trineo. El gallo se quedó embelesado, salió al porche y la siguió sin notar que la casa desaparecía tras los árboles. Cuando empezó a inquietarse, llamó a sus amigos en voz alta. El gato y el carnero oyeron la voz conocida, alcanzaron a los caminantes y regresaron a casa con el gallo.

Días después, la zorra volvió cantando mientras el gato y el carnero trabajaban en un claro lejano. Invitó al gallo a actuar ante su familia, pero no explicó lo lejos que estaba su casa. El gallo aceptó y solo durante el camino comprendió que faltaría a la cena que había prometido compartir en casa. Lo trataron con amabilidad durante la visita, pero echaba mucho de menos a sus amigos.

Al volver a la casa vacía, el gato y el carnero encontraron en el sendero una pluma del gallo y huellas de zorra. Construyeron un pequeño gusli, un instrumento de cuerdas, fueron a la casa de la zorra y tocaron bajo la ventana. La zorra y sus cachorros salieron a escuchar la música, y el gallo vio a sus amigos y se unió alegremente a la canción. Después de la actuación, todos se sentaron a conversar.

La zorra se disculpó por haber llevado al gallo tan lejos sin avisarles a él y a sus amigos. El gallo prometió informar de cada viaje en adelante, y el gato y el carnero propusieron organizar conciertos con una invitación acordada entre todos. La familia de zorros ofreció a los visitantes té de bayas y, aquella tarde, los tres amigos regresaron a casa sanos y salvos. Desde entonces, la música reunía a los vecinos, y los acuerdos claros ayudaban a todos a sentirse tranquilos.

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