Nikita el Curtidor

Un enorme dragón se instaló cerca de Kyiv. Cerró con troncos el camino y la ruta fluvial, y a cambio de dejar pasar exigía a cada casa una cesta de pan y una…

Un enorme dragón se instaló cerca de Kyiv. Cerró con troncos el camino y la ruta fluvial, y a cambio de dejar pasar exigía a cada casa una cesta de pan y una pieza de tela. La princesa fue a negociar con él. El dragón presumió de su fuerza, pero reconoció que solo respetaba a Nikita el Curtidor. La princesa envió la noticia a sus padres con su perrita fiel.

En su taller, Nikita ablandaba doce pieles a la vez. El príncipe le pidió que saliera a combatir, pero Nikita no quería herir a nadie. Entonces acudieron a él los niños de Kyiv. No lloraron, sino que explicaron que los molinos estaban parados, las barcas no navegaban y quedaba poca harina en la ciudad. El curtidor embreó una resistente chaqueta de trabajo y partió hacia el río.

En campo abierto, Nikita propuso que, en lugar de pelear, tiraran de una cuerda resistente. Nikita resultó más fuerte, pero elogió el esfuerzo del dragón. Este propuso dividir la tierra para que cada uno viviera en su propia mitad. Nikita aceptó trazar un límite.

Entre los dos arrastraron un arado enorme y abrieron un surco profundo desde Kyiv hasta el mar. «¿Ahora dividimos el mar?», preguntó Nikita. El dragón contempló el agua sin fin y comprendió que el mundo no debía cortarse en pedazos. El surco se convertiría en un canal que llevaría agua a los campos secos. El dragón abrió el camino y devolvió las provisiones.

En el nuevo embarcadero, la gente de Kyiv recibió a la princesa y a su perrita. Los niños plantaron sauces a lo largo del canal, el dragón trajo piedras para la orilla y Nikita rechazó el oro y un título. Más allá del embarcadero se extendía un alto terraplén, huella del trabajo que habían hecho juntos y que la gente siguió mostrando a sus visitantes durante mucho tiempo.

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