Tereshechka

Vivían un anciano y una anciana que soñaban con tener un hijo. Prepararon un pequeño tronco de madera, lo envolvieron en una tela y lo acunaron en una cuna. Al…

Vivían un anciano y una anciana que soñaban con tener un hijo. Prepararon un pequeño tronco de madera, lo envolvieron en una tela y lo acunaron en una cuna. Al amanecer, dentro sonreía un niño llamado Tereshechka. Sus padres abrazaron al hijo que tanto habían esperado y celebraron una pequeña fiesta familiar junto a la cuna.

Cuando Tereshechka creció, su padre le hizo una barquita con forma de lanzadera y el niño empezó a pescar. Su madre llevaba leche y requesón a la orilla, cantaba una canción conocida y el hijo atracaba al oír su voz. Una habitante del bosque llamada Chuvilikha oyó la canción, aprendió la melodía y al día siguiente llamó a Tereshechka con voz aguda. El niño se equivocó y remó hacia ella, y Chuvilikha lo invitó a su cabaña sobre patas de gallina para ayudar a ordenar unas cestas de bayas.

Cuando empezó a oscurecer, Tereshechka dijo que era hora de volver a casa. Alyonka le mostró el sendero hacia el río, pero la barquita se soltó de la amarra y la corriente se la llevó. Para distinguir el camino de regreso, el niño subió a un roble alto. Chuvilikha le ofreció pasar allí la noche, pero Tereshechka decidió con firmeza regresar con sus padres.

Sobre el roble pasaron bandadas de gansos-cisnes. Las dos primeras tenían prisa por llegar al lago, pero le aconsejaron que esperara a un gansito joven que volaba detrás. Tereshechka le pidió: «Llévame con mi padre y mi madre; allí te darán de comer y de beber». El gansito bajó hasta una rama, dejó que Tereshechka se sentara sobre su lomo y lo llevó con cuidado por encima del bosque hasta su hogar.

El gansito llevó a Tereshechka hasta el porche de su casa. El anciano y la anciana salieron corriendo a su encuentro y abrazaron a su hijo. Mientras daban de comer y beber al invitado, Chuvilikha y Alyonka trajeron la barquita y se disculparon por haber usado una canción ajena. La madre sujetó a la barquita una campanilla sonora para que nadie volviera a confundir su llamada.

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