Por un zapatito de corteza, una gallina; por una gallina, una oca
Una zorra iba por un sendero cuando encontró un zapatito tejido con tiras de la parte interior de la corteza de un árbol. Al caer la tarde, pidió pasar la noche…
Una zorra iba por un sendero cuando encontró un zapatito tejido con tiras de la parte interior de la corteza de un árbol. Al caer la tarde, pidió pasar la noche en una casa cálida: se acomodó en un banco, puso la cola debajo y dejó su hallazgo junto al gallinero. Por la mañana, una gallina se sentó en el zapatito como si fuera un nido y quiso, por decisión propia, acompañar a la zorra hasta la feria. Sus dueños le dieron permiso para ir y entregaron una pluma de colores como recuerdo.
En el camino se unieron a las viajeras una oca, un carnero y un torito, cada uno con permiso de sus dueños. Decoraron el zapatito con la pluma de gallina, plumón de oca, una cinta de lana y un cascabel que tintineaba. La zorra inventó una retahíla para el viaje: «¡Por un zapatito, una gallina; por una gallina, una oca; por una oca, un carnero; por un carnero, un torito!». Todos sabían que era un juego: nadie cambiaba a sus amigos por nada.
La alegre compañía se dirigió a la feria del bosque. Cada cual llevaba su regalo: la gallina, huevos para empanadas; la oca, cálido plumón; el carnero, lana para manoplas; y el torito, una cesta de manzanas. La zorra cuidaba el zapatito decorado como símbolo del camino que compartían y, en cada parada, contaba de dónde había salido la retahíla.
Junto a la feria encontraron a un oso y un lobo al lado de un trineo vacío. El trineo pertenecía al guardabosques, así que los amigos pidieron primero permiso para dar una vuelta. Para adornarlo, la zorra ató una pequeña figura de toro hecha de paja a la parte delantera e hizo sonar el cascabel. El torito de verdad llevó despacio a la compañía por un camino circular, mientras el oso y el lobo ayudaban en las curvas.
Después del paseo, los amigos se reunieron junto al trineo, que tenía una tablita floja. El oso la sujetaba, el lobo tensaba una cuerda por encima de una suave cinta de lana y la zorra revisaba el nudo; el guardabosques puso un samovar al lado y dio las gracias a los ayudantes. Sobre ellos, en la puerta de la feria, colgaba el zapatito decorado: una señal de que una buena cadena de amistad se mantiene unida gracias a la honradez y la ayuda mutua.