La zorra y la grulla

La zorra trabó amistad con la grulla, y hasta se hicieron compadres durante el bautizo de un niño de otra familia.

La zorra trabó amistad con la grulla, y hasta se hicieron compadres durante el bautizo de un niño de otra familia.

Un día, a la zorra se le ocurrió agasajar a la grulla y fue a invitarla a su casa:

—¡Ven, compadrito, ven, querido! ¡Ya verás qué banquete voy a darte!

La grulla acudió al festín. La zorra había cocido gachas de sémola y las había extendido por un plato llano. Se las sirvió y la animó a comer:

—¡Come, mi querido compadrito! Las he cocinado yo misma.

La grulla daba picotazo tras picotazo con el pico, golpeaba y golpeaba, ¡pero no conseguía atrapar nada! Mientras tanto, la zorra lamía y lamía las gachas, hasta que ella sola se las terminó todas.

Cuando ya no quedó nada, la zorra dijo:

—No me lo tomes a mal, querido compadre. No tengo nada más con que agasajarte.

—¡Gracias, comadre, también por esto! Ven tú a visitarme.

Al día siguiente llegó la zorra. La grulla había preparado okroshka, una sopa fría, y la había echado en una jarra de cuello estrecho; puso la jarra sobre la mesa y dijo:

—¡Come, comadre! De veras, no tengo nada más con que agasajarte.

La zorra empezó a dar vueltas alrededor de la jarra: probaba por un lado y por otro, la lamía y la olisqueaba, ¡pero no conseguía sacar nada! La cabeza no le cabía por el cuello. Entretanto, la grulla picoteaba y picoteaba hasta comérselo todo.

—Bueno, no me lo tomes a mal, comadre. No tengo nada más que ofrecerte.

La zorra se enfadó: había pensado que comería bastante para toda una semana, pero volvió a casa sin haber probado bocado. ¡Cada cual recibe lo que da! Desde entonces, la amistad entre la zorra y la grulla se acabó.

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