Mizguir, la araña
En tiempos antiguos, en días de antaño, en las hermosas primaveras y los cálidos veranos, surgió tal vergüenza, tal calamidad en el mundo: empezaron a aparecer…
En tiempos antiguos, en días de antaño, en las hermosas primaveras y los cálidos veranos, surgió tal vergüenza, tal calamidad en el mundo: empezaron a aparecer mosquitos y jejenes, que picaban a la gente y le hacían brotar la sangre caliente. Apareció Mizguir, un mozo valiente, y comenzó a agitar las patitas y tejer pequeñas redes, colocándolas en los caminos y senderos por donde volaban mosquitos y jejenes. Una mosca sucia, un bicho fastidioso, iba volando, por poco se cayó y quedó atrapada en la red de Mizguir. Este empezó a golpearla, a intentar matarla y a apretarle la garganta. La mosca le suplicó:
—¡Padrecito Mizguir! ¡No me pegues, no me mates! Tengo muchos hijos que quedarán huérfanos, irán por los patios y provocarán a los perros.
Entonces Mizguir la soltó. La mosca salió volando y zumbando, y avisó a todos los mosquitos y jejenes:
—¡Escuchad, mosquitos y jejenes! ¡Escondeos bajo la gran raíz del álamo temblón! Ha aparecido Mizguir: agita las patitas y teje pequeñas redes, y las coloca en los caminos y senderos por donde vuelan mosquitos y jejenes. ¡Os atrapará a todos!
Volaron hacia allí, se apiñaron bajo la gran raíz del álamo temblón y se quedaron como muertos.
Mizguir fue y encontró a un grillo, una cucaracha y una chinche:
—Tú, grillo, siéntate en un montículo y toma un poco de rapé; tú, cucaracha, toca el tambor; y tú, chinche Blínnik, ve bajo la gran raíz del álamo temblón y difunde esta noticia sobre mí, Mizguir el luchador, el buen mozo: Mizguir el luchador, el buen mozo, ya no vive. Lo enviaron a Kazán; en Kazán le cortaron la cabeza sobre el tajo y partieron el tajo en dos.
El grillo se sentó en el montículo y tomó un poco de rapé, y la cucaracha tocó el tambor. La chinche Blínnik fue bajo la gran raíz del álamo temblón y dijo:
—¿Por qué os habéis escondido y seguís ahí como muertos? ¡Mizguir el luchador, el buen mozo, ya no vive! Lo enviaron a Kazán; en Kazán le cortaron la cabeza sobre el tajo y partieron el tajo en dos.
Se alegraron y se regocijaron, cada uno se santiguó tres veces, echaron a volar, por poco se cayeron y todos quedaron atrapados en la red de Mizguir. Él les dijo:
—¡Qué pequeños sois! ¡Deberíais venir a visitarme más a menudo, beber un poco de cerveza y vino, y servirnos también a nosotros!