La muerte del avaro
Érase una vez un viejo avaro y tacaño. Tenía dos hijos y muchísimo dinero. Al oír que la muerte se acercaba, se encerró solo en la choza, se sentó sobre su…
Érase una vez un viejo avaro y tacaño. Tenía dos hijos y muchísimo dinero. Al oír que la muerte se acercaba, se encerró solo en la choza, se sentó sobre su arcón y empezó a tragarse las monedas de oro y a comerse los billetes; así puso fin a su vida. Sus hijos llegaron, colocaron al difunto bajo los iconos sagrados y llamaron al sacristán para que leyera el Salterio. De pronto, justo a medianoche, apareció un espíritu impuro con forma humana, se cargó al viejo muerto al hombro y dijo:
—¡Sujeta el faldón, sacristán!
Y empezó a sacudir al viejo:
—¡El dinero es tuyo, pero el saco es mío!
Se lo llevó y se volvió invisible.