Snegúrushka y la zorra

Había una vez un anciano y una anciana que tenían una nieta llamada Snegúrushka. Un día, sus amigas decidieron ir al bosque a recoger bayas y fueron a…

Había una vez un anciano y una anciana que tenían una nieta llamada Snegúrushka. Un día, sus amigas decidieron ir al bosque a recoger bayas y fueron a invitarla. Los ancianos tardaron mucho en darles permiso, pero, tras muchos ruegos, dejaron ir a Snegúrushka y le ordenaron que no se rezagara de sus amigas. Mientras caminaban por el bosque recogiendo bayas, de arbolito en arbolito y de mata en mata, Snegúrushka se quedó atrás. Sus amigas la llamaron una y otra vez, pero Snegúrushka no las oyó. Ya estaba oscureciendo cuando las muchachas regresaron a casa. Al ver que se había quedado sola, Snegúrushka trepó a un árbol y se puso a llorar amargamente mientras cantaba:

—¡Eh, eh, Snegúrushka! ¡Eh, eh, palomita! El abuelo y la abuela tenían una nieta llamada Snegúrushka; las muchachas la atrajeron al bosque y, después de atraerla, la abandonaron.

Llegó un oso y preguntó:

—¿Por qué lloras, Snegúrushka?

—¡Cómo no voy a llorar, padrecito oso! Soy la única nieta del abuelo y la abuela, Snegúrushka; las muchachas me atrajeron al bosque y, después de atraerme, me abandonaron.

—Baja, yo te llevaré a casa.

—No, te tengo miedo; ¡me comerás!

El oso se alejó. Ella volvió a llorar mientras cantaba:

—¡Eh, eh, Snegúrushka! ¡Eh, eh, palomita!…

Llegó un lobo y preguntó:

—¿Por qué lloras, Snegúrushka?

Ella le respondió lo mismo que al oso.

—Baja, yo te llevaré a casa.

—No, te tengo miedo; ¡me comerás!

El lobo se alejó, y Snegúrushka volvió a llorar y a lamentarse:

—¡Eh, eh, Snegúrushka! ¡Eh, eh, palomita!…

Llegó una zorra y preguntó:

—¿Por qué lloras, Snegúrushka?

—¡Cómo no voy a llorar, zorrita! Las muchachas me atrajeron al bosque y, después de atraerme, me abandonaron.

—Baja, yo te llevaré a casa.

Snegúrushka bajó, se sentó sobre el lomo de la zorra, y esta echó a correr con ella. Llegó a la casa y llamó a la portezuela golpeándola con la cola.

—¿Quién está ahí?

La zorra respondió que había traído al anciano y a la anciana a su nieta Snegúrushka.

—¡Ay, querida nuestra, tal y cual, sin untar! Entra en nuestra casa. ¿Dónde te sentaremos y con qué te agasajaremos?

Trajeron leche, huevos y requesón, y agasajaron a la zorra por el servicio que les había hecho. La zorra pidió que, como recompensa, le dieran una gallina y la dejaran salir con ella al campo. Los ancianos se despidieron de la zorra, metieron una gallina en un saco y un perro en otro, y llevaron los sacos tras ella hasta el lugar indicado. Soltaron la gallina; justo cuando la zorra iba a lanzarse tras ella, soltaron también al perro. Al verlo, la zorra salió disparada hacia el bosque y logró escapar.

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