La Burbuja, la Paja y el Lápot

Érase una vez tres buenos amigos: una ligera Burbuja, una flexible Paja y un resistente Lápot, un zapato tradicional tejido con fibras de corteza de árbol. Una…

Érase una vez tres buenos amigos: una ligera Burbuja, una flexible Paja y un resistente Lápot, un zapato tradicional tejido con fibras de corteza de árbol. Una mañana despejada decidieron ir al bosque a recoger ramitas secas para el fuego de casa. La Burbuja rodaba y producía un suave tintineo, la Paja se mecía con el viento y el Lápot avanzaba con paso seguro por el sendero. Los amigos acordaron mantenerse juntos y ayudar a quien encontrara alguna dificultad.

Pronto el sendero los llevó hasta un arroyo ancho. El agua era transparente, pero la corriente era rápida, así que los amigos no saltaron al agua. El Lápot propuso examinar primero las dos orillas. La Burbuja vio unas piedras bien situadas que sobresalían del agua, y la Paja dijo que podía tenderse entre ellas como un puente. Los tres estudiaron el plan con atención y decidieron probar el puente sin prisas.

La Paja se tendió de una piedra plana a otra. Para sostenerla mejor, el Lápot colocó una ramita fina debajo de su parte central y la Burbuja sujetó un extremo junto a la orilla. Quedó un puente estrecho, pero bien montado. Primero, los amigos presionaron suavemente desde distintos lados y comprobaron que el apoyo resistía. «Ahora cruzaremos de uno en uno», dijo el Lápot.

El Lápot pisó el puente y avanzó despacio. En el centro, la Paja se combó un poco, pero no se rompió: la ramita la sostenía por debajo y la Burbuja ayudaba al Lápot a mantener el equilibrio. El Lápot no se apresuró y pronto llegó a la otra orilla. Desde allí sujetó con firmeza el otro extremo de la Paja, y la Burbuja cruzó el puente rodando con facilidad detrás de él.

Así fue como los tres cruzaron el arroyo sin peligro y quedaron sanos y salvos. Desmontaron el puente para que la corriente volviera a fluir libremente, se dieron las gracias y continuaron el camino. En el bosque, los amigos recogieron solo ramitas secas que ya habían caído. Al atardecer regresaron a casa por la misma ruta segura. Desde entonces comprendieron que, si primero se piensa, se comprueba el apoyo y se trabaja en equipo, incluso un cruce difícil se puede afrontar con calma.

Read this tale on NeuroTales