El trabajador del sacerdote
En un pueblo, un sacerdote tenía una gran huerta y un campo a las afueras. En primavera había que arar el campo. Para ese trabajo contrató a un joven llamado…
En un pueblo, un sacerdote tenía una gran huerta y un campo a las afueras. En primavera había que arar el campo. Para ese trabajo contrató a un joven llamado Fedia, acordó de antemano un salario justo y le mostró un caballo tranquilo de color castaño y crin oscura. Por la mañana le entregó una hogaza grande y redonda y puso una condición: «Al llegar la tarde, tú debes haber comido lo suficiente, el perro Druzhok también, y la hogaza debe seguir entera».
Fedia guardó el pan en una bolsa limpia y se fue al campo. Antes del mediodía aró una franja larga y recta. Cuando el sol estaba alto, Druzhok apareció al borde del campo arado. Se sentó a su lado y movió la cola. Fedia sacó la hogaza y recordó la condición tan particular. No podía partir el pan, pero tanto él como Druzhok tenían que comer.
Fedia examinó con atención la hogaza. Levantó con cuidado la corteza superior, como si fuera la tapa de una caja redonda, sacó un poco de la miga y la dividió en partes iguales. Puso una parte en un cuenco de madera para Druzhok y se comió la otra, bebiendo agua de un manantial. Luego colocó la corteza en su sitio. Por fuera la hogaza parecía entera, aunque ahora pesaba bastante menos.
Al ponerse el sol, Fedia volvió al patio. El sacerdote preguntó si él había comido lo suficiente, si el perro también y si la hogaza seguía entera. Fedia respondió «sí» a cada pregunta y después le entregó el pan. El sacerdote le dio unas vueltas en las manos, vio la corteza colocada con cuidado y se rio con buen humor. La condición había sido una adivinanza, y Fedia había encontrado una solución sensata.
El sacerdote felicitó a Fedia por su ingenio y por no haberse olvidado de Druzhok. Le pagó más de lo acordado y le ofreció trabajar durante todo el verano. Desde entonces, a menudo convertían las tareas cotidianas en pequeñas adivinanzas: cómo regar con cuidado los bancales, cómo transportar manzanas y cómo repartir el pan entre los invitados. Fedia siempre pensaba primero en quienes estaban a su lado y después buscaba la solución.