Shabarsha

Aquel verano llovió poco y el molino de la aldea casi se detuvo. Quedaba poca harina en el almacén común, así que Shabarsha, un trabajador ingenioso, fue al…

Aquel verano llovió poco y el molino de la aldea casi se detuvo. Quedaba poca harina en el almacén común, así que Shabarsha, un trabajador ingenioso, fue al estanque del molino a buscar una manera de devolver el agua a la rueda. Despejó un canal estrecho, revisó la presa y notó que alguien observaba su trabajo entre los juncos.

Del agua salió un pequeño espíritu del estanque con un gorro rojo. Contó que su familia sabía dirigir los arroyos subterráneos, pero antes le gustaba organizar competiciones alegres. Shabarsha propuso un acuerdo justo: si el equipo de la aldea resolvía tres tareas, los habitantes del estanque ayudarían al molino, y las personas limpiarían las orillas con cuidado todos los años.

La primera tarea consistía en mover un tronco pesado que había caído junto al agua. Shabarsha llamó a un oso conocido que solía ayudar a los trabajadores del bosque a retirar árboles secos de los senderos. El oso apoyó las patas, hizo rodar suavemente el tronco hasta el montón de leña y resopló satisfecho. El espíritu del estanque reconoció que juntos podían hacer más que a solas y obsequió al ayudante con dulces frambuesas.

En la segunda tarea, una liebre veloz llegó primero al viejo sauce. Para la última prueba había que rodear exactamente una nube con un aro de madera. Shabarsha puso el aro sobre el agua tranquila y esperó hasta que el reflejo de una nube blanca entró por sí solo en el círculo. Los habitantes del estanque se rieron y elogiaron su paciencia: a veces la solución adecuada llega gracias a la observación, y no a la fuerza ni a la velocidad.

El anciano del estanque cumplió el acuerdo. Un arroyo subterráneo llenó el canal, la rueda del molino comenzó a girar y las piedras volvieron a moler el grano. Llevaron los primeros sacos de harina al almacén común y la repartieron por igual entre las familias. En otoño, las personas limpiaron la orilla, plantaron sauces y celebraron una fiesta junto al agua. Shabarsha, los animales y los habitantes del estanque se sentaron a una misma mesa y escucharon el sonido regular del molino en marcha.

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