Baba Yaga

Una niña vivía con su padre, su madrastra y su hermana. Le gustaba hilar y soñaba con aprender los oficios del bosque. Su padre la llevó a visitar a Baba Yaga,…

Una niña vivía con su padre, su madrastra y su hermana. Le gustaba hilar y soñaba con aprender los oficios del bosque. Su padre la llevó a visitar a Baba Yaga, que vivía en una casita con patas de gallina. «¡Casita, vuelve el porche hacia nosotros!», pidió él. La casa dio unos pasos, giró y la niña entró.

Baba Yaga le encargó hilar una cesta entera de lana, encender la estufa y preparar el baño. La niña no sabía por dónde empezar. De debajo del banco salieron corriendo unos ratones, y la invitada les ofreció gachas. Los ratones le enseñaron a poner un hilo en cada huso y ellos mismos trajeron astillas secas. Al anochecer, todo estaba listo.

Al día siguiente, Baba Yaga le pidió teñir el hilo con corteza y bayas, ordenarlo por colores y recoger setas. La niña volvió a compartir el desayuno con los ratones, y ellos la ayudaron a extender las madejas. Por la tarde, la artesana del bosque elogió su paciencia y su cuidado por los pequeños ayudantes. Regaló a su aprendiz una camisa bordada con flores del bosque y una cesta de ovillos de muchos colores.

Al día siguiente llegó a la casita la segunda hermana. Al ver los regalos, también quiso ser aprendiz de Baba Yaga, pero decidió que merecía la recompensa sin esforzarse. Cuando los ratones pidieron gachas, la joven respondió que primero tenía que recibir un regalo. Al anochecer, el hilo estaba enredado y la estufa seguía sin encender.

Baba Yaga no se enfadó. Se sentó junto a su invitada, desenredó el hilo con ella y le explicó que la generosidad del bosque comienza por prestar atención a los demás. Al despedirse, le dio un ovillo sencillo y una bolsita de semillas para los ratones. La joven dio las gracias a Baba Yaga y prometió que en casa tejería con su hermana una gran colcha.

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