El platillo de plata y la manzana lozana

Un padre y una madre tenían tres hijas. A las dos mayores les gustaban las telas elegantes, mientras que la menor, Mariushka, cuidaba con gusto del jardín y los…

Un padre y una madre tenían tres hijas. A las dos mayores les gustaban las telas elegantes, mientras que la menor, Mariushka, cuidaba con gusto del jardín y los animales. Antes de la feria, las hermanas pidieron tela escarlata y cintas, pero Mariushka eligió un platillo de plata y una manzana lozana. Una anciana bondadosa, a quien la muchacha había ofrecido una vez un panecillo caliente, le enseñó las palabras mágicas para aquel prodigio.

Mariushka hizo rodar la manzana por el platillo y pronunció las palabras mágicas. Sobre la plata aparecieron ciudades, campos verdes, barcos en el mar, altas montañas y una ronda de estrellas. La muchacha invitó a sus hermanas a mirar con ella, pero ellas sentían celos porque el prodigio solo obedecía a su voz. Propusieron ir a recoger fresas silvestres con la esperanza de descubrir el secreto de la manzana.

En el bosque, las hermanas mayores escondieron el platillo y la manzana en el hueco de un viejo abedul y le dijeron a Mariushka que los habían perdido. La muchacha no se enfadó: pidió que todas siguieran buscando hasta el atardecer y se quedó en un claro conocido. Un joven pastor vio una luz plateada que salía del hueco y empezó a tocar su flauta. Como respuesta, la flauta cantó por sí sola dónde estaban los regalos y quién los había escondido.

El padre oyó la canción de la flauta y reunió a la familia bajo el abedul. Las hermanas devolvieron la manzana y el platillo, dijeron la verdad y pidieron perdón. Mariushka propuso no volver a ocultar el prodigio, sino usarlo entre todas, y sus hermanas aceptaron.

La noticia del platillo de plata llegó hasta la corte del zar. Mariushka viajó allí con su familia y mostró ciudades, jardines, barcos y un cielo estrellado sin guerras ni humo de cañones. El zar pidió a las hermanas que prepararan un gran mapa de caminos para toda la región. Las mayores dibujaban diseños y señales, la menor comprobaba el trabajo con la manzana y el pastor tocaba la flauta. La familia regresó junta a casa y conservó el prodigio para hacer el bien.

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