La patita blanca
El príncipe partió en un viaje lejano, y la princesa se quedó cuidando el jardín. Una hechicera desconocida la invitó a acercarse al manantial y le pidió que se…
El príncipe partió en un viaje lejano, y la princesa se quedó cuidando el jardín. Una hechicera desconocida la invitó a acercarse al manantial y le pidió que se probara una capa bordada. Cuando la princesa se negó, la visitante agitó una rama y convirtió a la dueña de la casa en una patita blanca; luego se puso un atuendo parecido y se apresuró hacia el palacio. La patita memorizó el camino y decidió encontrar la manera de recuperar su forma.
En un islote, la patita blanca encontró a tres niños que habían perdido su barca en la niebla. Les enseñaba dónde había bayas y senderos seguros, y por la noche los cubría con sus alas. Los niños empezaron a llamarla mamá del río. Los mayores construían una barca nueva, mientras el menor vigilaba la corriente y reparaba en lo que los demás pasaban por alto. Cuando la barca estuvo lista, todos navegaron hacia la orilla del príncipe para pedir ayuda.
En el patio, la hechicera reconoció a la patita e invitó a los niños a entrar en una habitación vacía. El menor advirtió que la puerta se cerraba desde fuera y propuso continuar el juego en el jardín. Los niños salieron y contaron a los guardias lo extraña que había sido la invitación. La hechicera intentó expulsarlos, pero la patita cantó tres veces una canción de cuna que el príncipe conocía. Él oyó la melodía y ordenó que todos se quedaran hasta que él mismo averiguara la verdad.
El príncipe salió al jardín y vio cómo la patita protegía a los niños. Reconoció la canción de cuna, extendió las manos y pronunció la bendición familiar. La patita se acercó a él por voluntad propia. Tras ella creció un abedul blanco, y ante el príncipe apareció la verdadera princesa. Los jardineros confirmaron su relato sobre el manantial. La hechicera comprendió que el engaño había quedado al descubierto y devolvió la capa junto con la rama que guardaba el hechizo.
La princesa rompió la rama sobre el manantial, y el agua se llevó los últimos restos de magia. En vez de castigar a la hechicera, le propuso reparar el daño: llevar a los niños a casa y restaurar las plantas. Ella aceptó y acompañó la barca hasta la aldea. Los niños prometieron visitar a la princesa y navegar juntos hasta el islote. En el palacio celebraron una fiesta familiar, y junto al manantial dejaron este recordatorio: todos deben pedir permiso y respetar la respuesta de los demás.