El abedul y los tres halcones

El soldado había cumplido el tiempo reglamentario de servicio, recibió la licencia y emprendió el camino de regreso a su tierra. Iba por el camino cuando se…

El soldado había cumplido el tiempo reglamentario de servicio, recibió la licencia y emprendió el camino de regreso a su tierra. Iba por el camino cuando se encontró con el espíritu impuro.

—¡Alto, soldado! ¿Adónde vas?

—Voy a casa.

—¡Qué vas a hacer en casa! Si no tienes parientes ni familia. Mejor entra a trabajar para mí; te pagaré un buen sueldo.

—¿Y en qué consiste el servicio?

—El servicio es de lo más sencillo: tengo que cruzar los mares azules para asistir a la boda de mi hija, y tengo tres halcones; vigílalos hasta que yo regrese.

El soldado aceptó. «Sin dinero —pensó— se vive mal; ¡aunque sea al servicio del diablo, algo ganaré!» El espíritu impuro lo condujo a sus aposentos y él mismo partió hacia los mares azules.

El soldado anduvo y anduvo por las distintas habitaciones; se aburrió y se le ocurrió salir al jardín. Salió y vio que allí había un abedul. Y el abedul le habló con voz humana:

—¡Soldado! Ve a tal aldea y dile al sacerdote de allí que te entregue justamente aquello que vio esta noche en sueños.

El soldado fue adonde le habían indicado; el sacerdote sacó enseguida un libro. «Aquí lo tienes, ¡llévatelo!» El soldado lo tomó y regresó.

—¡Gracias, buen hombre! —dijo el abedul—. Ahora ponte ahí y lee.

Comenzó a leer aquel libro. Leyó una noche, y del abedul salió hasta el pecho una hermosa doncella de belleza indescriptible; leyó una segunda noche, y salió hasta la cintura; leyó una tercera noche, y salió por completo. Ella lo besó y dijo:

—Soy hija de un zar; el espíritu impuro me raptó y me convirtió en abedul. Y los tres halcones son mis propios hermanos; quisieron rescatarme, ¡pero también ellos cayeron en su poder!

Apenas hubo pronunciado la zarevna estas palabras, llegaron volando los tres halcones, tocaron de golpe la tierra húmeda y se convirtieron en apuestos jóvenes. Entonces se reunieron todos y fueron a ver a su padre y a su madre, llevándose consigo al soldado. El zar y la zarina se alegraron, recompensaron generosamente al soldado, le dieron a la zarevna por esposa y lo dejaron vivir con ellos.

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