El señor Grulla y la señora Garza
Volaba una lechuza, alegre cabeza; volaba y volaba, y se posaba, movía la colita, miraba a uno y otro lado y echaba a volar de nuevo; volaba y volaba, se…
Volaba una lechuza, alegre cabeza; volaba y volaba, y se posaba, movía la colita, miraba a uno y otro lado y echaba a volar de nuevo; volaba y volaba, se posaba, movía la colita y miraba a uno y otro lado… Esto es el prólogo; el cuento entero viene después.
Érase una vez el señor Grulla y la señora Garza, que vivían en un pantano y se habían construido sendas chozas en extremos opuestos. Al señor Grulla le pareció aburrido vivir solo y decidió casarse.
«¡Iré a pedir la mano de la señora Garza!»
El señor Grulla se puso en camino: ¡chap, chap! Recorrió siete verstas chapoteando trabajosamente por el pantano; al llegar, preguntó:
«¿Está en casa la señora Garza?»
«Está.»
«¡Cásate conmigo!»
«No, señor Grulla, no me casaré contigo; tienes las patas largas, el traje corto, vuelas mal y ni siquiera tienes con qué alimentarme. ¡Vete de aquí, larguirucho!»
El señor Grulla volvió a casa con las manos vacías.
Después, la señora Garza lo pensó mejor y dijo:
«Antes que vivir sola, será mejor que me case con el señor Grulla.»
Fue a ver al señor Grulla y le dijo:
«¡Señor Grulla, tómame por esposa!»
«No, señora Garza, ¡no te necesito! No quiero casarme, no te tomaré por esposa. ¡Lárgate!»
La señora Garza lloró de vergüenza y regresó a su casa.
El señor Grulla lo pensó mejor y dijo:
«Hice mal en no tomar a la señora Garza por esposa; vivir solo es aburrido. Iré ahora y me casaré con ella.»
Fue a verla y le dijo:
«¡Señora Garza! He decidido casarme contigo: cásate conmigo.»
«No, señor Grulla, ¡no me casaré contigo!»
El señor Grulla volvió a casa.
Entonces la señora Garza lo pensó mejor:
«¿Por qué lo rechacé? ¿Qué hago viviendo sola? ¡Será mejor que me case con el señor Grulla!»
Fue a pedirle matrimonio, pero el señor Grulla ya no quiso.
Y así, hasta el día de hoy, van por turnos a pedirse matrimonio, pero nunca llegan a casarse.