Por una abarca, una gallina; por una gallina, un ganso

Una zorra iba por el camino y encontró una abarca de corteza. Llegó a casa de un campesino y pidió alojamiento: —Señor, déjame pasar aquí la noche.

Una zorra iba por el camino y encontró una abarca de corteza. Llegó a casa de un campesino y pidió alojamiento:

—Señor, déjame pasar aquí la noche.

Él respondió:

—¡No hay sitio, zorrita! ¡Estamos muy apretados!

—¡Pero si apenas necesito espacio! Yo me acomodaré en el banco y dejaré la cola debajo.

La dejaron quedarse a dormir, y ella dijo:

—Pongan mi abarca junto a sus gallinas.

Así lo hicieron, pero por la noche la zorrita se levantó e hizo desaparecer su abarca. Por la mañana, al despertar, preguntó por ella, y los dueños le dijeron:

—¡Zorrita, ha desaparecido!

—Entonces denme una gallina a cambio.

Se llevó la gallina, llegó a otra casa y pidió que la pusieran con los gansos de los dueños. Por la noche, la zorra escondió la gallina y a la mañana siguiente recibió un ganso a cambio. Llegó a una casa nueva, pidió alojamiento y dijo que pusieran su ganso con los corderos; volvió a engañarlos, obtuvo un cordero por el ganso y siguió hasta otra casa. Allí pasó la noche y pidió que pusieran su cordero con los terneros de los dueños. Durante la noche, la zorrita también se llevó el cordero a escondidas y por la mañana exigió que le dieran un ternero a cambio.

Después estranguló a los cuatro —la gallina, el ganso, el cordero y el ternero—, escondió la carne, rellenó de paja la piel del ternero y la dejó en el camino. Por allí pasaban un oso y un lobo, y la zorra les dijo:

—Id a robar un trineo y vámonos de paseo.

Ellos robaron el trineo y también un collar de tiro, engancharon al ternero y subieron todos. La zorra tomó las riendas y gritó:

—¡Arre, arre, ternerito de costado de paja! ¡El trineo es ajeno, el collar no es nuestro; avanza, no te detengas!

El ternero no se movía. La zorra saltó del trineo y gritó:

—¡Quedaos ahí, necios! —y se marchó.

El oso y el lobo se alegraron de aquel botín y se pusieron a desgarrar al ternero. Tiraron y tiraron, hasta que vieron que no había más que piel y paja; menearon la cabeza y cada uno se volvió a su casa.

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