La oveja, la zorra y el lobo
Una oveja escapó del rebaño de un campesino. En el camino se encontró con una zorra, que le preguntó: — ¿Adónde vas, comadrita?
Una oveja escapó del rebaño de un campesino. En el camino se encontró con una zorra, que le preguntó:
— ¿Adónde vas, comadrita?
— ¡Ay, comadre! Vivía con el campesino, en su rebaño, pero ya no podía seguir allí: cuando el carnero hacía alguna tontería, siempre acababa siendo yo, la oveja, la culpable. Así que decidí marcharme adonde me llevaran los ojos.
— ¡A mí me pasa lo mismo! — respondió la zorra. — Cuando mi marido atrapa una gallinita, siempre soy yo, la zorra, la culpable. Vámonos juntas.
Al cabo de un tiempo se encontraron con un biryuk, un lobo solitario.
— ¡Salud, comadre!
— ¡Hola! — dijo la zorra.
— ¿Vas muy lejos?
Ella respondió:
— ¡Adonde me lleven los ojos! — Y cuando le contó su desgracia, el biryuk dijo:
— ¡A mí también me pasa lo mismo! Cuando la loba mata a un cordero, siempre soy yo, el biryuk, el culpable. Vayamos juntos.
Siguieron andando. Por el camino, el biryuk le dijo a la oveja:
— Dime, oveja, ¿acaso no llevas puesta mi pelliza de piel de oveja?
La zorra lo oyó e intervino:
— ¿De veras es tuya, compadre?
— ¡Claro que es mía!
— ¿Lo jurarás por Dios?
— ¡Lo juraré!
— ¿Irás a prestar juramento?
— Iré.
— Pues ve y besa el juramento.
Entonces la zorra reparó en que los campesinos habían puesto un cepo en el sendero; llevó al biryuk hasta el mismo cepo y dijo:
— ¡Vamos, besa aquí!
Apenas el biryuk acercó tontamente el hocico, el cepo se cerró de golpe y le atrapó el hocico. La zorra y la oveja huyeron enseguida, sanas y salvas.