El barco volador
En una familia vivía un hijo menor, tranquilo y bondadoso. Sus hermanos mayores creían que ellos podían encargarse de las grandes tareas y a él solo le dejaban…
En una familia vivía un hijo menor, tranquilo y bondadoso. Sus hermanos mayores creían que ellos podían encargarse de las grandes tareas y a él solo le dejaban recados sencillos. Un día, el joven fue al bosque y se encontró con un viajero anciano. Compartió con él su pan y una manzana, y el viajero le enseñó a construir un barco con árboles caídos durante una tormenta.
Cuando la última tabla quedó en su sitio, el barco se elevó suavemente sobre el claro. El joven lo dirigió hacia la capital y, por el camino, invitó a quienes quisieran volar con él. Subieron a bordo Paso Veloz, el atento Buen Oído, un guía de vista aguda, un maestro del viento fresco y un carpintero hábil. Para cada uno hubo un camarote, una tarea y una palabra amable.
En la capital se celebraba la Fiesta de los Artesanos. El gobernante anunció varias pruebas por equipos: traer agua limpia de un manantial antes de que sonara la campana, guiar un barco entre las nubes, preparar una mesa larga para los invitados y refrescar un pabellón calentado por el sol. La tripulación del barco volador decidió participar para mostrar cómo se complementan las distintas habilidades.
Buen Oído oyó un manantial lejano, Paso Veloz trajo el agua rápidamente y el guía de vista aguda encontró un paso seguro entre las nubes. El carpintero montó una mesa para la fiesta, el joven extendió los manteles y todos ayudaron a colocar la comida. Cuando hizo calor en el pabellón, el maestro del viento fresco dirigió hacia él aire renovado. Todas las pruebas se completaron justo a tiempo.
El gobernante elogió a toda la tripulación, no solo al capitán, y regaló a los amigos un mapa de buenas acciones. Desde entonces, el barco volador llevó libros, semillas, cartas y herramientas necesarias a los pueblos lejanos. Al volver a casa, el hijo menor presentó su equipo a la familia. Los hermanos comprendieron que la verdadera destreza empieza por el respeto y que el vuelo más alto es posible cuando se valora a todos los que van a bordo.