María, Alexéi y el nuevo puente

En Moscú y Kyiv vivían dos comerciantes que eran amigos desde hacía muchos años. En un mismo año, el comerciante de Moscú tuvo una hija llamada María y el de…

En Moscú y Kyiv vivían dos comerciantes que eran amigos desde hacía muchos años. En un mismo año, el comerciante de Moscú tuvo una hija llamada María y el de Kyiv, un hijo llamado Alexéi. Los padres se escribían a menudo y esperaban que sus hijos se conocieran algún día. No decidían su futuro por ellos: cuando María y Alexéi fueran mayores, elegirían por sí mismos si querían verse.

Pasaron dieciocho años. María ayudaba a su familia a llevar el negocio y disfrutaba resolviendo problemas que exigían ingenio. Alexéi estudiaba los caminos, los puentes y la construcción de carros. Un día, su padre le habló de un viejo amigo de Moscú y le propuso ir a visitarlo. Alexéi sintió curiosidad por conocer a la familia moscovita y se puso en camino.

Cerca de Moscú, un río cortaba el camino. El puente solo tenía tablones hasta la mitad y no había otros de repuesto cerca. Alexéi bajó del caballo y encontró una solución: retiraba uno por uno los tablones que quedaban detrás de él y los colocaba delante. Así llegó paso a paso a la otra orilla. Allí lo vieron unos artesanos de la ciudad. Juntos trajeron más tablones y terminaron de cubrir el puente para que todos pudieran utilizarlo.

La noticia del ingenioso viajero llegó a María. Ella le envió, por medio de una mensajera, una jarra llena de leche, una hogaza redonda y una cesta con doce huevos pintados. La mensajera preguntó: «¿Está el mar dentro de sus orillas, está llena la luna y están todas las estrellas en su sitio?» Alexéi comprendió el juego: la leche era el mar; la hogaza, la luna; y los huevos, las estrellas. Tras comprobar que todo había llegado intacto, respondió: «El mar está dentro de sus orillas, la luna está llena y las doce estrellas están en su sitio».

Al día siguiente, María y Alexéi se reunieron en el jardín con las dos familias. Enseguida encontraron mucho de qué hablar: María le preguntó por el viaje y el puente, y Alexéi por su acertijo. Pronto extendieron papel sobre una mesa y empezaron a dibujar un nuevo puente para la ciudad. Sus familias apoyaron la idea que habían tenido juntos. María y Alexéi decidieron seguir conociéndose y trabajar juntos en el proyecto: a los dos les gustaba idear cosas útiles.

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