Chernushka
Masha vivía con su padre, su madrastra y dos hermanastras. A menudo le dejaban el trabajo junto al fogón, y por eso la apodaron Chernushka. Un día, el príncipe…
Masha vivía con su padre, su madrastra y dos hermanastras. A menudo le dejaban el trabajo junto al fogón, y por eso la apodaron Chernushka. Un día, el príncipe anunció una fiesta de oficios y bailes abierta a todo el mundo. Las hermanas empezaron a preparar sus vestidos, mientras a Masha le ordenaron separar una mezcla de cebada, harina y carbón vegetal. Ella se entristeció: quería terminar la tarea y mostrar en la fiesta un cinturón bordado.
Masha sacó los cuencos al porche. Dos palomas la ayudaron a escoger los granos, y la joven les puso agua y migas. Muy pronto, la cebada, la harina y el carbón quedaron separados. Después, las aves trajeron del desván un hatillo que había dejado la madre de Masha. Dentro había un vestido azul y unos zapatos ligeros. Masha tomó el cinturón bordado y se dirigió al palacio, decidida a volver antes de medianoche.
En la fiesta, Masha mostró el cinturón a las artesanas y conoció al príncipe, que reunía motivos decorativos de distintas tierras. Hablaron de bordados, pero antes de medianoche la joven se despidió sin decir su nombre. A la noche siguiente regresó con un vestido verde. El príncipe quiso invitarla al taller; sin embargo, Masha vio la hora y se apresuró a volver a casa. Él comprendió que la visitante estaba cumpliendo una promesa y no la siguió.
El tercer día, el príncipe colocó una alfombra mullida junto a la escalera. A medianoche, la cinta del zapato de Masha se enganchó en el borde. La joven liberó el pie y huyó, pero el zapato quedó atrás. El príncipe anunció que no buscaba una novia por el tamaño del calzado, sino a la artesana cuyo motivo coincidiera con el de la cinta. Las hermanas se probaron el zapato e intentaron repetir el dibujo, pero reconocieron con sinceridad que no sabían bordar así.
Masha mostró el segundo zapato y el cinturón con el mismo motivo. El príncipe le propuso dirigir el taller del palacio y seguir conociéndose, si ella lo deseaba. Masha aceptó intentarlo. La madrastra y las hermanas se disculparon por haberle encargado tareas injustas, y ella pidió que en adelante repartieran el trabajo por igual. En la fiesta siguiente, las tres hermanas presentaron una colección conjunta. El apodo Chernushka quedó como un buen recuerdo del talento que había brillado junto a un sencillo fogón.