El viejo en el cielo
Vivían un viejo y una vieja, y tenían una choza. El viejo plantó una alubia y la vieja un guisante debajo de la mesa. La gallina picoteó el guisante, pero la…
Vivían un viejo y una vieja, y tenían una choza. El viejo plantó una alubia y la vieja un guisante debajo de la mesa. La gallina picoteó el guisante, pero la alubia creció hasta la misma mesa; quitaron la mesa, y ella creció aún más; desmontaron el cielo raso y el tejado, pero seguía creciendo, hasta llegar al cielo. El viejo trepó al cielo; trepó y trepó, y allí había una casita: las paredes eran de blinis, los bancos de panes kalach, y la estufa de requesón, untada con mantequilla. Se puso a comer, comió hasta hartarse y se acostó sobre la estufa para descansar.
Llegaron doce cabras hermanas: una tenía un ojo; otra, dos; la tercera, tres, y así sucesivamente; la última tenía doce. Vieron que alguien había probado su casita, la repararon y, al marcharse, dejaron de guardia a la de un solo ojo. Al día siguiente el viejo volvió a trepar al mismo lugar, vio a la cabra de un ojo y empezó a repetir:
—¡Duerme, ojito, duerme!
La cabra se durmió, él comió hasta hartarse y se marchó. Al día siguiente hizo guardia la de dos ojos, luego la de tres, y así sucesivamente. El viejo repetía:
—¡Duerme, ojito, duerme; duerme, segundo ojo; duerme, tercero! Y así sucesivamente.
Pero con la duodécima cabra se confundió y solo logró adormecer once ojos con su conjuro; la cabra lo vio con el duodécimo y lo atrapó.