El cuento de los tres príncipes
En un reino vivía un rey anciano con sus tres hijos adultos: Vasili, Fiódor e Iván. Año tras año, el jardín real se volvía más silencioso. Los manzanos…
En un reino vivía un rey anciano con sus tres hijos adultos: Vasili, Fiódor e Iván. Año tras año, el jardín real se volvía más silencioso. Los manzanos florecían cada vez menos y el manantial casi se había secado. El padre habló a sus hijos de un jardín lejano donde se guardaban semillas de manzanos rejuvenecedores y agua de la vida, limpia y pura. Los tres se ofrecieron a salir en su busca.
Vasili tomó el camino ancho y Fiódor eligió una ruta conocida, pero ambos caminos daban vueltas entre las montañas y devolvían a los viajeros a la frontera del reino. Los hermanos no quisieron correr riesgos en lugares desconocidos y llevaron a casa mapas detallados. Iván estudió con atención sus notas y descubrió un tercer sendero, apenas visible. Con el acuerdo de su familia, decidió explorarlo.
El sendero llevó a Iván hasta tres casitas del bosque. En cada una vivía una bondadosa guardiana del bosque. La primera dio de comer al viajero y le indicó la dirección correcta. La segunda le regaló un farol. La tercera le prestó un caballo tranquilo y le explicó las reglas del jardín lejano: solo se podía entrar de noche, no había que tomar nada sin permiso y era necesario saludar a la dueña.
A la luz de la luna, Iván llegó a un muro alto y encontró una puertecita abierta. En el jardín, el manantial brillaba como la plata y las frutas maduras relucían en los manzanos. Cuando el caballo rozó por accidente unas campanillas colgadas, apareció la dueña del jardín. Iván hizo una reverencia, explicó con sinceridad lo que pedía su padre y se disculpó por la visita tan tardía. Ella lo escuchó y sonrió.
La mujer regaló a Iván una jarra de agua de la vida y una bolsita de semillas. También escribió consejos para cuidar los árboles jóvenes. En casa, los hermanos limpiaron juntos el viejo manantial y plantaron un jardín nuevo siguiendo sus indicaciones. Pronto aparecieron los primeros brotes verdes y el rey volvió a estar alegre. Invitaron a las tres guardianas del bosque y a la dueña del jardín a la fiesta de primavera para agradecerles los conocimientos que ahora podía aprovechar todo el reino.