Pulgarcito
En una aldea vivían un anciano y una anciana que soñaban con tener un ayudante. Un día, mientras la anciana preparaba col para unas empanadas, oyó una vocecita…
En una aldea vivían un anciano y una anciana que soñaban con tener un ayudante. Un día, mientras la anciana preparaba col para unas empanadas, oyó una vocecita detrás de la estufa. De una rendija salió un niño del tamaño de un meñique, hizo una reverencia y los llamó padre y madre. Ellos se quedaron asombrados y felices, y le pusieron por nombre Pulgarcito.
A la mañana siguiente, el diminuto hijo fue con su padre al campo. Para que pudieran verlo y oírlo, se acomodó junto a la oreja del caballo y lo guio con voz serena a lo largo del surco. El caballo avanzó a paso firme, el arado no se desvió y el padre descansó a la sombra. Un mercader que pasaba por allí se maravilló ante aquel hábil ayudante e invitó al niño a conocer las aldeas vecinas. El padre aceptó cuando su hijo prometió regresar antes del anochecer.
Pulgarcito viajaba en un amplio bolsillo del pecho, pero pronto oyó discutir a tres caminantes junto al camino. Planeaban llevarse sin permiso un toro de la finca de un hombre rico. El niño salió del bolsillo y propuso hablar primero con el dueño. Se deslizó bajo el portón, despertó al vigilante y explicó que los caminantes necesitaban trabajo y comida, mientras que la finca necesitaba una cerca resistente.
El dueño escuchó a todos y, en vez de una disputa, les ofreció un trato justo. Los caminantes repararon el portón, limpiaron el establo y ayudaron a transportar el heno; a cambio, recibieron cena y paga. El niño escogió los clavos adecuados, pasó la cuerda por huecos estrechos y vigiló que el toro permaneciera en su pesebre. Al caer la noche, los desconocidos se despidieron como buenos vecinos.
Al atardecer, los padres vieron junto a la cancela a un lobo que llevaba a su diminuto hijo sobre el lomo. El niño contó que había sacado una astilla de la pata del animal y que, agradecido, el lobo lo había ayudado a cruzar un camino arrasado por el agua. Cerca estaba un pastor al que habían avisado de antemano, así que nadie sintió miedo. Los padres dieron agua al visitante, y la madre vistió a su hijo con un pequeño caftán azul que había cosido mientras esperaba su regreso.